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Detalle de la obra:
La Inmaculada Concepción con ángeles tributarios
Anónimo
Finales del XVIII y principios del XIX, Sin fecha
Óleo sobre tela

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Detalle de la obra:
Padre Marcelino Mangas
Herrera (firma)
Siglo XIX
Óleo sobre tela

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Detalle de la obra:
Retrato de una enajenada
Juan Cordero (atribuida)
Siglo XIX, Sin fecha
Óleo sobre tela

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Detalle de la obra:
Patio interior del Colegio del Estado
José Miranda
Siglo XIX
Óleo sobre tela

Josefa Teresa Busto y Moya
Anónimo
S. XVIII
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
“[Al quedar viuda] tiene un rasgo que la muestra en toda su plenitud de carácter y modo de ser ante la vida: Deja libre a una de sus esclavas, que había heredado de sus padres. Y así, guiada por su extraordinaria bondad, fue haciendo el bien a sus semejantes, el resto de su existencia.”
Jesús Rodríguez Frausto
Serie Biografías:
Josefa Teresa de Busto y Moya, 1960
Pedro Lascuráin de Retana
Anónimo
S. XVIII
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
“Caballero piadoso, y de muy faenado caudal… muy apasionado por la villa de Guanajuato, por haber residido en ella muchos años, y haber aquí hecho su fortuna… siempre estuvo deseoso de su mayor lustre, adelantamiento y bien espiritual.”
Juan de Dios Fernández de Souza
Carta Consolatoria, 1764
Padre Marcelino Mangas
Herrera (firma)
Siglo XIX
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
“Desde el año [mil ochocientos] diez y ocho junté varios jóvenes a quienes daba lecciones de Teología Moral de las doce de la mañana a las dos de la tarde, o por las noches de las ocho hasta las diez... [y] tengo la satisfacción de no sólo haberles servido de Maestro, sino de darles libros, instrumentos, tinta, papel, plumas y todo lo necesario hasta donde pudo mi posibilidad…”
Marcelino Mangas
Carta a los Señores Inspectores, 1831
Patio interior del Colegio del Estado
José Miranda
Siglo XIX
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica

La Universidad de Guanajuato resguarda un conjunto de obras producidas entre los siglos XVIII y XIX por autores novohispanos y mexicanos -varios de ellos guanajuatenses- quienes plasmaron en sus lienzos algunas corrientes y estilos artísticos característicos del periodo virreinal y del primer siglo del México independiente.

Aun cuando la escasez de testimonios documentales nos impide contar con noticias exactas sobre el momento y las circunstancias en que arribaron a nuestros recintos, sabemos que en un primer momento varias de ellas cumplieron funciones devocionales -contemplación y oración, principalmente- y de instrucción doctrinal.

A partir de la Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos expedida en 1859, las pinturas de tipo religioso adquirieron un valor artístico, independiente de su contenido o propiedades místicas, y pasaron a formar parte del patrimonio cultural del colegio, mismo que se vería enriquecido con varias obras de contenido laico que el colegio adquirió a varios artistas mexicanos para ser utilizadas como modelos para la enseñanza del dibujo y la pintura o como elementos para ornamentar y solemnizar ciertos espacios académicos.

Al principio de nuestro recorrido encontraremos numerosas obras inspiradas en temas religiosos lo que constituye un reflejo de la mente, creencias y devociones de nuestros fundadores y primeros benefactores a la vez que nos ofrecen un testimonio gráfico y visual de la ideología dominante durante la época virreinal.

En la tercera y cuarta sala, observaremos cómo a partir del siglo XIX las imágenes y representaciones sagradas fueron gradualmente sustituidas por retratos de personas comunes así como por temas costumbristas y nacionalistas que nos ofrecen una idea del cambio de valores, intereses y referentes estéticos que la sociedad y el arte guanajuatense experimentaron durante la difícil transición del orden monárquico al republicano (1810-1867).

Rescate y permanencia

Una amplia labor de investigación, clasificación y conservación desarrollada a lo largo de los últimos 25 años, nos ha permitido identificar a la mayor parte de los autores de las obras y conocer otros aspectos igualmente relevantes como su antigüedad, estilo e influencias, técnicas, materiales y contexto de producción. De manera particular, se han logrado detectar las intervenciones y restauraciones físicas a las que varias de ellas fueron sometidas en el pasado.

Y es que no hay que olvidar que desde el siglo XVIII, la ciudad de Guanajuato ha sufrido en repetidas ocasiones los embates de catástrofes naturales -inundaciones principalmente- así como la destrucción material provocada por episodios de violencia popular y operaciones militares como sitios, asaltos y combates. Si a lo anterior se suma la acción físico-química de algunos agentes de deterioro -temperatura, humedad, hongos- y los episodios de anticlericalismo e iconoclastia por parte de los grupos vencedores en los conflictos armados de la Reforma y la Revolución Mexicana, podemos formarnos una idea de las potenciales amenazas, tanto naturales como humanas, que algunas de estas piezas han sorteado durante su viaje a través del tiempo y el espacio.

Virgen de la Merced y San Pedro Nolasco por devoción de Don Antonio Monja
Anónimo
Siglo XVIII
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
Bellísima María Patrona de Vizcaya
Matheo Gómez
Siglo XVIII
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica

Tras la conquista de México, la pintura de la Nueva España se nutrió de dos vertientes principales: los estilos importados de Europa y las manifestaciones propias del arte indígena.

Durante los siglos XVII y XVIII el arte novohispano se desarrolló casi exclusivamente bajo las características del barroco español, un estilo innovador, dramático y extravagante que, a través de sus corrientes manierista y tenebrista, logró superar las estrictas reglas y cánones establecidos desde el Renacimiento.

Asimismo, la influencia de la escuela flamenca de pintura en el ámbito hispánico se vio reflejada en adelantos artísticos y técnicos como el perfeccionamiento del retrato y el paisaje, la importancia del detalle, el uso empírico de la perspectiva, la aplicación de colores brillantes y la utilización del óleo.

A pesar de la hegemonía de las escuelas europeas y de los límites expresivos establecidos por la Iglesia Católica -responsable de supervisar las formas de representación y el uso de símbolos, entre otros atributos- los pintores de la América Española lograron incorporar a sus creaciones algunos elementos propios de la estética indígena y mestiza reflejada en las facciones, fisonomía y vestimenta de los personajes así como en algunos ingredientes del paisaje -flores, frutos, plantas- y en el uso de colores intensos y contrastantes.

De esta forma, grandes maestros como Luis Juárez, Juan Correa, Cristóbal de Villalpando, Nicolás Rodríguez Juárez, José de Ibarra, y Miguel Cabrera dieron forma a una corriente original y única que en la historia del arte occidental se conoce como Barroco Novohispano.

Cristobal de Villalpando

Cristóbal de Villalpando nació en la Ciudad de México alrededor de 1649, es considerado como el pintor más representativo del barroco mexicano durante la transición del siglo XVII al siglo XVIII.

La originalidad y magnificencia lograda por pintores de la Nueva España como Juan Correa, José de Ibarra, Nicolás Rodríguez Juárez y Miguel Cabrera durante el llamado Siglo de las Luces (1700-1800) se debe principalmente a las enseñanzas técnicas y las innovaciones artísticas introducidas por Villalpando en sus obras, que todavía estaban impregnadas con un fuerte acento europeo.

Aunque no se sabe con certeza quiénes eran sus profesores, su enseñanza ha sido atribuida al pintor de la Nueva España Baltasar de Echave y Rioja y al retablero Diego de Mendoza, en cuyo taller habría ingresado como aprendiz.

Indudablemente recibió una meticulosa formación académica, así como una evidente influencia tenebrista y manierista; sus pinturas reflejan un buen grado de conocimiento y afición por la obra de grandes artistas europeos como Caravaggio italiano, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal, Peter Paul Rubens y 'El Greco'.

Villalpando comenzó su vasta y variada obra artística en 1675 con un altar para el Templo del Convento Franciscano en Huaquechula, Puebla.

Desde entonces, comenzó una vertiginosa carrera que a lo largo de 35 años le llevó a expresar su estilo único, suntuoso y a veces extravagante en los lienzos monumentales de la sacristía de la Catedral de México y los que albergan las iglesias catedralicias de Puebla y Guadalajara, en una magnifica pintura de San Miguel Arcángel para la parroquia de Cholula, Puebla, en las siete pinturas del convento de El Carmen en San Ángel.

San Luis Rey de Francia
José de Alzíbar (atribuido)
Siglo XVIII, Sin fecha
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
La adoración de los Reyes Magos
Cristóbal de Villalpando
Siglo XVII - XVIII, Sin fecha
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
La Inmaculada Concepción con ángeles tributarios
Anónimo
Finales del XVIII y principios del XIX, Sin fecha
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
Santa Teresa protegiendo a la orden Carmelita
Luis Juárez (atribuido)
Siglo XVII, 1698
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica

Durante las primeras décadas del siglo XIX y como consecuencia del conflicto armado de independencia, el arte mexicano sufrió un estancamiento en su expresión y desarrollo.

Sería hasta la década de 1840 cuando la antigua Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes -fundada en 1781 por el rey Carlos III- abrió de nuevo sus puertas retomando la enseñanza de la pintura clásica española a través de maestros como el catalán Pelegrín Clavé y el poblano Juan Cordero, quien habiendo estudiado en Roma e influenciado fuertemente por la escuela neoclásica, introdujo a México varios elementos técnicos, temas e influencias del nuevo arte europeo que modificaron en definitiva la plástica mexicana.

Al apartarse progresivamente de los contenidos y del control religioso, los pintores mexicanos comenzaron a plasmar en sus lienzos paisajes, bodegones, naturalezas muertas, escenas y personajes de la vida cotidiana [costumbrismo] así como héroes, pasajes históricos y alegorías nacionalistas [romanticismo].

Además, a partir de la década de 1870 y con el triunfo definitivo del liberalismo, algunos de ellos recibieron la encomienda oficial de elaborar los primeros murales de contenido exclusivamente laico.

En conjunto, los trabajos de estos artistas -en su mayoría egresados de la Academia de San Carlos- darían origen a un estilo propiamente mexicano que se ha denominado Escuela Mexicana de Pintura.

Juan Cordero

Hijo de modestos comerciantes de mercería, Juan Cordero Hoyos nació en Teziutlán, Puebla en 1824 y murió 60 años después en la Ciudad de México.

Gracias a su habilidad temprana en el dibujo, incluso de niño, fue enviado a la Academia de San Carlos -bajo el clasicismo como método-técnica de la enseñanza oficial- y en 1844 obtuvo una beca que le permitió estudiar en la Academia de San Lucas en Roma con experimentados maestros como Silvagni, Agricola y Natal de Carta.

Como requisito para mantener su beca, empezó a enviar muestras de su trabajo a su academia mater donde fueron usadas como modelos por los estudiantes. Entre 1849 y 1851, mediante exhibiciones anuales de San Carlos, el público de la capital conoció su trabajo y empezaron a interesarse en el joven pintor. En ese momento, la crítica italiana había reconocido su gran potencial artístico y gracias a su prestigio fue admitido por unanimidad en la Congregación de Virtuosi, una exclusiva asociación de artistas fundada a mediados del siglo XVI.

A los 31 años y con una carrera prometedora, en 1855 regresó triunfante a México, donde la preferencia del gremio artístico por extranjeros frustró su aspiración de convertirse en director de la Academia de San Carlos, una posición que fue concedida al catalán Pelegrín Clavé con quien creó una rivalidad muy fuerte que lo orilló a dejar la capital.

Desde ese momento, se dedicó a visitar varias ciudades en el país para vender sus pinturas y ofrecer sus servicios como retratista y decorador. De este periodo vienen sus trabajos adquiridos por el Colegio de la Purísima Concepción de Guanajuato. Muchos de ellos son nuevas versiones –se supone que fueron corregidas y mejoradas—de sus pinturas más populares. Es posible que haya tenido que dar clases a estudiantes durante su estadía en la ciudad.

En 1874, Gabino Barreda le encargó pintar un mural en la Escuela Nacional Preparatoria bajo el nombre de “Triunfos de la ciencia y el trabajo sobre la envidia y la ignorancia” convirtiéndose en el primer muralista mexicano de temas seculares.

Es justo reconocer que Juan Cordero tiene el doble mérito de haber logrado representar el espíritu nacional de la época a través de complicadas, heroicas e imponentes formas del clasicismo grecorromano, así como los dramáticos tonos del romanticismo y sobre todo, el de haber llevado la pintura hecha por los mexicanos al lugar prominente que durante tres siglos le había sido negado por Europa.

La dama del pandero
Juan Cordero
Siglo XIX, 1857
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
Retrato de una enajenada
Ángela Icaza
Siglo XIX, Sin fecha
Óleo sobre tela
Patrimonio Cultural UG – Colección Pictórica
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El Museo de la Universidad de Guanajuato tiene el objetivo de poner al alcance del público una muestra de los bienes del patrimonio cultural de nuestra institución. Constituye además una invitación al visitante para que conozca otros sitios emblemáticos y la oferta cultural en general que ofrece la Universidad.
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PARA SABER MÁS

Meteorito Allende,
una ventana al origen del universo

En la madrugada del 8 de febrero de 1969 en el poblado de Allende, Chihuahua, cayó el que se ha convertido en el objeto espacial más estudiado de la historia, al que se denominó meteorito Allende, cuyo origen se remite a la formación del sistema solar.

Al ingresar a la atmósfera terrestre explotó en miles de pedazos, de los cuales se recuperaron alrededor de 2 toneladas. Actualmente los fragmentos del meteorito están distribuidos por todo el mundo, entre centros de estudio, laboratorios y coleccionistas privados; la Universidad de Guanajuato (UG) cuenta con una muestra de este objeto, cuya edad es aproximada a la del Sol.

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